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Maria de la Pau Janer |
GUILLEM CRESPÍ ALEMANY, EL ARTE DE COMPONER Y DESCOMPONER LOS COLORES
Maria de la Pau Janer
La pintura de Guillem Crespí Alemany revoluciona los colores. A cada cuadro, un cromatismo excepcional se convierte
en auténtico protagonista. Es protagonista aquello que concentra la fuerza, que nos cautiva la mirada, que nos sorprende
con su intensidad. Los colores se rompen sobre el lienzo. Lo llenan de manchas que no nunca son fruto del azar, sino de
una mano sabia que se mueve con destreza por los caminos de la tela, que conoce la combinación de las tonalidades y
juega con una gran capacidad de sorprendernos. Miles de pinceladas de colores se combinan con magia y acierto.
En un fondo que es una explosión colorista, profundamente seductora, destaca un objeto. Un objeto que representa todo
un mundo de referencias, que esconde una historia que el pintor envuelve d’un estallido luminoso. A veces se trata de un
instrumento. Les guitarras, los pianos, las trompetas, las flautas y los violines son presencias rotundas y desdibujadas.
Instrumentos abandonados en la tela, como si alguien los hubiese dejado para evocarnos melodías que nos acompañan
al corazón. A veces, son animales que destacan del fondo del cuadro y nos atraen como un imán. Hay la sargantana que
nos evoca Formentera, donde se confunden con las rocas de las playas. Hay los gallos espléndidos, que nos ofrecen
perfiles altivos o pensativos. En otras ocasiones, son objetos evocadores de universos: la bicicleta, el símbolo de la
infancia libre, de la juventud entre caminitos como rios; el balancín donde tantas veces nos hemos relajado, mientras
pensábamos la vida; la mesa puesta, con la jarra de agua fresca y las copas que invitan a calmar la sed; el cesto lleno de
fruta, una invitación al placer de la vida, a morder lo que nos ofrece; el racimo de tomates, las alcachofas, los limones o
las referencias a la comida, placer de los sentidos y de la vista.
Guillem Crespí Alemany juega con las formas de expresión plástica figurativa y sabe desdibujarlas, difuminarlas, mezclarlas
en un decorado de colores. La combinación de formas concretas y abstractas sirve para destacarlas todas, para
acentuar la rotundidad. Nada absorbe nada, sino que lo potencia. Para ello, nos muestra la magia de la evocación abierta
y sutil hecha a partir de un objeto, que nos descompone mil veces la tela para volver a componerla con una autenticidad
que llega a emocionarnos.
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