CRESPI I ALEMANY













Eloina Rapp

LA PINTURA DE CRESPÍ I ALEMANY

Por Eloina Rapp

Guillem Àngel Crespí i Alemany ( Santa Margalida, 1963), es un pintor conocido por su originalidad , que no deja indiferente al expectador.

A mí me es difícil catalogarlo en una escuela pictórica tradicional. Está entre le naturismo, el realismo, el postimpresionismo, el “Action Painting”... De toda ellas ha hecho una simbiosis que es su estilo personal.

Con los tres elementos básicos que emplea: la tinta, el agua y la pintura acrílica, ha logrado obras que van más allá de los objetos representados. Sus pinturas evocan sonidos, olores, producen sensaciones, recuerdos, nos hacen pensar. Son expresiones policromas de emociones.

Si la estética del “Action Painting” ponía el énfasis en el propio acto de pintar, al margen de cualquier aspecto expresivo o representativo que pudiera poseer, Crespí i Alemany lo aplica a lo que él interpreta para sus obras, dotándolas de una atmósfera peculiar, única e inimitable.

Si la pintura es el arte que estimula la imaginación, él pintando un gallo cacareando que anuncia la primera luz del día, te despierta y te anima a emprender con optimismo tus tareas. Tres violines y notas por el aire a mi me evocan una sinfonía oída en la gran sala del Conservatorio de Moscú. Sobre la superficie rugosa preparada con distintos materiales ( papel, arena, agua y pintura acrílica) empleando la técnica del “dripping” surge lo que parece un campo de flores en primavera, o que las notas salgan de sus instrumentos esparcidos por toda la obra.

Su pintura es inconfundible.

Los diferentes colores, las diferentes tonalidades, la explosión de arte que surge de sus manos, termina esparcida sobre la tela o sobre el papel cual lo haría Pollock. Esta necesidad de manchar, de ver que el agua corre, los colores van uniéndose o separándose, te hacen sentir su gran alegría, su gran calidad humana y su conocimiento de la técnica.

Aunque su temática no es abstracta, ya que Crespí i Alemany dice pintar lo que ve interpretándolo a su manera, yo añado que pinta lo que ve i lo que ama, y esto es su familia, su pueblo, los juguetes, sus ideas, lo que merece que perdure en la retina de los espectadores.

Sigue la tradición de su abuelo Guillem Crespí i Coll “ Es panderer ” quien con sus gloses dejó una impronta en la historia de la cultura mallorquina.

Can Picafort noviembre de 2006


Eloina Rapp Lantaron
Doctora en Historia.

   
   
   
   
     
       
       
       
       
 
   
 
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